La Señora de la Jeringa: Isabel Zendal

POCOS centros de salud han sido el núcleo de tanta polémica como el hospital antipandémico inaugurado el 1 de diciembre de 2020, cerca del aeropuerto de Madrid y que se convertirá en el almacén ‘principal’ de la vacuna COVID-19 desarrollada por Pfizer.

Con unos 50 millones de euros por encima del presupuesto, los opositores al Hospital de Enfermería Isabel Zendal lo tildaron de ‘un golpe urbano más’ para las empresas constructoras, mientras que los sindicatos se indignaron cuando un trabajador perdió la vida en un accidente derivado de su apresurada construcción.

El gobierno había fijado un plazo de cuatro meses para la finalización del hospital, con la esperanza de cortar el listón rojo antes de que otra ola de coronavirus pudiera causar estragos en el invierno.

De hecho, si hay algo en este proyecto de 80.000 metros cuadrados que no sea polémico es su nombre, que recuerda a una de las figuras más filantrópicas de la historia de la medicina: el equivalente español de la británica Florence Nightingale, que da nombre a sus propios hospitales Covid. , o Clarissa Barton, fundadora de la Cruz Roja Americana.

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EDWARD JENNER: El ‘padre de la inmunología’

Nacida en 1771 en Ordenes, Galicia, de una pareja de agricultores que luchaban por poner comida en la mesa, Isabel Zendal Gómez era la segunda mayor de ocho de una familia gravemente afectada por la enfermedad, como muchos en aquellos días. Tres de sus hermanos murieron antes de su primer cumpleaños y cuando nuestra heroína tenía solo 13 años, su madre sucumbió al virus más mortal de la historia. Variola mayor, la cepa más fuerte de la viruela que tenía una tasa de mortalidad de alrededor del 30%.

Por devastadora que fuera esta pérdida, Zendal no dejó que destruyera su adolescencia, sino que dirigió su mente brillante al mundo de la medicina, convirtiéndose en su propósito de ayudar a los necesitados. Destacada desde muy joven por su estudiosa, dejó su hogar a los 20 años para empezar a trabajar como ayudante en el Hospital Benéfico de A Coruña, fundado por la filántropa española Teresa Herrera.

Fue en este ‘pequeño hospital de Dios’, como lo llamó Herrera, donde Zendal dio a luz a su hijo, Benito, a quien criaría como madre soltera, un acto de heroísmo en sí mismo considerando la época en la que vivió.

Siete años después, en 1800, se convirtió en la rectora de un orfanato para niños abandonados por sus padres, viviendo de un pequeño salario mensual además del pago diario de una libra de pan. Un año después, esto aumentó a 1.5 libras de pan y una libra de carne.

En 1803, la suerte de Zendal cambió para mejor tras un encuentro casual con el médico militar español Franciso Javier Balmis. Él le aseguró un lugar en el Real Expedición Filantrópica de la Vacuna, una misión de vacunación contra la viruela financiada por el rey Carlos IV, cuya propia hija había muerto a causa de la enfermedad.

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VELA DE ARRANQUE: El Maria Patia de Francisco Perez

No te culparían por esperar una historia de amor aquí, y en algunos relatos ficticios encontrarías una. Lamentablemente, no hay registro histórico de ningún romance de este tipo entre Balmis y Zendal, ni antes ni después de que la primera expedición sanitaria internacional zarpó del puerto de A Coruña en 1803.

Como la vacuna contra la viruela inventada por el médico inglés Edward Jenner implicaba inocular a una persona con material de una lesión de viruela vacuna, Zendal fue puesto a cargo de 22 niños huérfanos que iban a servir como portadores sucesivos de viruela vacuna. Bajo su cuidado, los chicos se transmitían la enfermedad de uno a otro cada nueve o diez días, asegurando que la preciosa lesión pustulosa llegara primero a Tenerife, donde el equipo de Balmis estuvo un mes realizando vacunas, y luego a Puerto Rico, en febrero. 1804.

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JEFE DE MISIÓN: Franciso Javier Balmis

Sin embargo, para asombro y decepción de Balmis, la población local ya había sido inoculada por una colonia danesa en las Islas Vírgenes. Así que el equipo echó anclas y viajó a Venezuela, donde se separaron y se separaron. Mientras José Salvany se dirigía a Sudamérica en una misión de siete años que le costaría la vida a algunos miembros de la tripulación, Balmis y Zendal viajaron a Cuba y luego a México, donde subieron a bordo a otros 25 huérfanos.

Aunque Balmis navegaría más tarde a Filipinas y China, México marcó el final del viaje para Zendal, quien estaba sintiendo los afanes del viaje como Balmis recordaba en una entrada del diario un año después:

‘La miserable rectora, que por su excesivo trabajo y el rigor de los diferentes climas por los que hemos transitado, ha perdido la salud’, escribió. ‘Infatigable día y noche, ha derramado toda la ternura de la Madre más sensible en los 26 angelitos que tiene a su cuidado, como lo hizo desde A Coruña y en todos los viajes, y los ha asistido perfectamente en sus continuas enfermedades. (Macao, 1806) ‘

Zendal nunca regresó a su tierra natal, permaneciendo en Puebla, México, hasta el final de sus días. En general, la expedición vacunó directamente a unas 250.000 personas y algunos estudiosos de la medicina la consideran un «evento pionero en la salud internacional que debería revisarse en la era actual de desigualdades persistentes en la salud mundial».

Mapa de vacantes recortado
ODYSSEY: Los distintos países a los que viajaron las expediciones

Tampoco el legado de la Maria Patia’s una tripulante femenina ha sido olvidada. La OMS reconoció a Zendal como la primera enfermera en realizar una misión internacional, numerosas instituciones han otorgado premios en su honor y diversas obras literarias han inmortalizado a esta enfermera pionera como una de las figuras más desinteresadas de la historia de España.


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