«Hace falta un marco normativo que vaya más allá del cooperativismo, que es la economía social y solidaria»

Defina brevemente el cooperativismo.
Una cooperativa es una experiencia humana y una herramienta de las clases populares para auto organizarse económicamente y cubrir sus necesidades vitales, sociales, culturales … Por otra parte, el cooperativismo nace como una respuesta del proletariado europeo al surgimiento del capitalismo y la industrialización que generaron la proletarización y la creación de los suburbios obreros.

¿Cómo y cuándo surgen las cooperativas?
Cooperación social ha habido siempre. El régimen comunal de la edad media también tenía un espíritu cooperativo. La huelga general de 1855 es en defensa de las sociedades obreras de Cataluña. Unas sociedades obreras que son la matriz de donde surgen las sociedades de oficio y, más tarde, los sindicatos, las cooperativas obreras de consumo y de producción, las mutualidades las sociedades de socorro mutuos-, los ateneos obreros, las escuelas racionalistas … Todo viene del asociacionismo. Asociarse para un fin común. Y ya en el 36 se vivió un debate intenso entre las cooperativas y las colectivizaciones. Muchas colectivizaciones terminaron siendo cooperativas. Las dos son de naturaleza colectiva, pero tienen diferencias sustanciales.

No hay un modelo único de cooperativa.
A grandes rasgos, hay dos modelos de cooperativas. Vale a decir que todas las cooperativas tienen ánimo de lucro limitado. Cuando hay beneficios, que nosotros decimos excedentes, no se pueden repartir entre los socios de manera individual, porque la misma ley dice que se ha de dotar de unos fondos de reserva obligatorio, un fondo de educación y de promoción del cooperativismo. Este concepto ya surge en las cooperativas obreras de principios de siglo XX y eso se refleja en la ley actual de cooperativas. Luego hay cooperativas sin afán de lucro que colectivizan todos sus excedentes. Esto no quiere decir que con estos excedentes se nutren un fondo mutual que se destine, por ejemplo, a gastos de dentista, u oculista, o idiomas, o estudios. Es decir, no se reparten dinero, sino políticas sociales.

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El cooperativismo nace como una respuesta del proletariado europeo al surgimiento del capitalismo

¿Hay situaciones históricas, coyunturales, que hayan animado el movimiento cooperativo?
El cooperativismo ha tenido más embrazada según la coyuntura económica, política. Durante la dictadura, el cooperativismo, obviamente, no reintó. Durante la segunda república, ciertas políticas sociales dieron un impulso poderoso a un cooperativismo que se había desarrollado en los 40 años anteriores. La crisis del 73-77, junto con la fuerte capacidad de organización obrera, hizo que en los años 80 hubiera una ola de cooperativismo industrial fuerte. Por otra parte, en un contexto como el actual, con una grave crisis no sólo económica, la gente se está repensando su relación con el trabajo, el consumo, las finanzas, el ahorro, el papel que juega la economía en sus vidas … y se ha despertado un interés por el cooperativismo. Seguramente, con políticas públicas a favor, como las que impulsan ahora mismo la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona, estos anheles de corporativizar la vida tienen más facilidades que en ciclos económicos y políticos anteriores. Además, el cooperativismo que apuesta por la transformación social plantó batalla de manera relevante a la ley de cooperativas del 2015 del gobierno neoliberal de CiU porque querían orientar las energías colectivistas hacia la mercantilización, introduciendo unos elementos de jerarquía que no tenía nada que ver con la definición de la Alianza Cooperativa Internacional. La ley del 2015 es más individualista que la ley anterior.

¿El marco normativo es fundamental?
Hay una necesidad de crear un marco normativo que vaya más allá del cooperativismo, que es la economía social y solidaria. En Cataluña no hay ninguna ley de economía social y solidaria. En el estado español está la ley de economía social -cooperativas, sociedad laborales-y en Francia sí que hay una ley de economía social y solidaria que engloba una diversidad de formas jurídicas y económicas -unas más empresariales, otras más comunitarias-desde huertos urbanos hasta grupos cooperativos. Y este tipo de realidad socioeconómica no se tiene en cuenta en Cataluña en toda su amplitud. La ley francesa, por ejemplo, prevé que las empresas mercantiles pueden ser cooperatividades por sus trabajadores y ofrece ayudas para ello.

¿Y cómo se podría esbozar una ley de economía social y solidaria en Cataluña?
De entrada poniendo el énfasis en el término solidaria. La ley de economía social y solidaria no tendría que ser sólo una ley de reconocimiento formal de las iniciativas, porque la economía social y solidaria no es sólo una forma de emprender, sino que es otro modelo de desarrollo económico, diferente al capitalismo. Es decir, una ley que no sólo reconozca las experiencias ya existentes, sino que impulse un cambio de modelo económico hacia una economía social y solidaria transformadora.

Y es que la economía social y solidaria engloba un abanico enorme de iniciativas. Encontramos los organismos representativos históricos del movimiento, como la Confederación de Cooperativas de Cataluña, las cooperativas de trabajo, de consumo, de vivienda, de enseñanza … Encontramos la Red de Economía Solidaria, que no está reconocida dentro de la ley de cooperativas como representación, pero sí que es un movimiento sociopolítico que no sólo organiza cooperativas, sino asociaciones que se identifican con la economía solidaria. Está la Asociación de Economía Social, que es el paragua que integra el Tercer Sector, las asociaciones, las Fundaciones. Hay otros elementos surgidos hace dos años como los ateneos cooperativos, que los hay 14 en Cataluña y ayudan a crear cooperativas en su territorio con financiación pública, pero con una gestión cooperativa. Los grupos de consumo agroecológico, o los espacios de crianza. Todo ello en un ámbito que funciona con otra matriz de propiedad, de gobernanza y de excedentes diferentes al capitalismo. El poder y el decidero son herramientas colectivas para transformar la sociedad. Las finanzas éticas y solidarias es otro subsector de la economía social y solidaria (Coop 57, Fiare, etc). Otra familia es el cooperativismo de crédito (Caja de Ingenieros). Actualmente, hay mucho dinamismo en estos sectores. En Cataluña, continuamente se están generando nuevas iniciativas (Somos Energía, Somos Conexión, Somos Movilidad) que han nacido hace cuatro días y tienen éxito.

Y luego tenemos la economía colaborativa.
Hace falta no confundir nunca la economía colaborativa con la economía cooperativa. Hay mucha confusión con eso de la economía colaborativa. Siempre se tienen que hacer tres preguntas: quién es el propietario de la empresa, quién toma las decisiones en la empresa y hacia dónde van los beneficios. Las respuestas te darán si es capitalismo, sea colaborativo o no, o cooperativismo. No es el mismo Wikipedia, conocimiento compartido, que Bla Bla Car, por ejemplo.

José Juárez, Jornada News

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