El Ecualizador ‘, Armado De Sentido Comunitario

Hace cuatro años, Denzel Washington encabezó el remake cinematográfico de una serie televisiva de los años 80, El Ecualizador. En el filme, un ex agente gubernamental reanudaba su tarea asesina para proteger una joven. El realizador Antoine Fuqua (Training Day) quiso compensar los tópicos de la propuesta a través de un dispositivo estético cuidadoso. Se benefició, además, de un Washington que ya había encarnado héroes maduros en obras de Tony Scott (Imparable). El resultado estaba a medio camino de los thrillers vengativos de Charles Bronson (Yo soy la justicia) y de reelaboraciones digitales como John Wick.

La reciente Death Wish, una actualización de la más conocida saga de violencias bronsonianes, incluía algunas escenas sádicas que enrarien su defensa aparente del justicierisme. Fuqua y compañía, en cambio, retratan un modelo a seguir: un buen vecino que mata empujado por el compromiso con la comunidad. McCann, además, ejerce de coach y defiende el pensamiento positivo: todo el mundo puede ser lo que se proponga ser, también una joven rusa en manos de una red de tráfico de personas.

The Equalizer 2 es una secuela continuista en que vuelve a destacar el estilo visual y la presencia de Washington. Se incide en el pasado del protagonista como agente encubierto, pero se preserva su rol como justiciero de proximidad. Que no sufran los sectores más preocupados por la corrección política: a pesar de los discursos críticos con la proliferación de armas, el thriller más del gusto de la Asociación Nacional del Rifle continúa llegando a los cines multisalas.

Los escenarios de las ficciones, eso sí, han cambiado: el díptico de Fuqua y la nueva Death Wish no se sitúan en las junglas del asfalto del Hollywood de los ochenta, siempre en quiebra social e institucional. Los filmes no proyectan una explosión de pesimismo anarcocapitalista. El mundo de The Equalizer funciona como si el crack del 2008 no hubiera existido y aún viviéramos en matrix de crédito barato de los Clinton.

El sueño americano funciona, siempre que te esfuerces … y siempre que tengas a mano un combatiente que defienda tu derecho a coger un trozo del pastel. Un héroe que preserve, a tiros presuntamente apolíticos, la igualdad dentro de la utopía de la autorregulación neoliberal.

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