El dolor de las familias en Guatemala revive con cada nueva exhumación

Son las dos del mediodía y María Raymundo, una mujer maya ixil de 43 años, espera que le entreguen los restos de su madre a la fiscalía de Nebaj, uno de los municipios que sufrió el genocidio en Guatemala. Se espera desde las 9 de la mañana y ha salido de su alquilarte a las tres de la madrugada. ¿Pero qué importancia tienen unas horas para quien hace 35 años que espera?

La María perdió a su madre, Teresa López, en 1983, cuando el ejército de Guatemala bombardeó Ixtupil, un inquilino perteneciente a Nebaj, en la meseta del país. Los militares fueron casa por casa asesinando a sus habitantes, con la sospecha de que alimentaban las guerrillas de la zona. Ella, su hermana mayor y algunos habitantes del pueblo consiguieron huir y permanecieron nueve años ocultos en las montañas. Durante este tiempo, consiguieron enterrar los cuerpos de sus familiares asesinados en un cementerio clandestino. Lo hicieron con miedo, sin poder rezar, ni poner una flor, ni velar, ni llorar sus cuerpos.

En 1996, con la firma de los Acuerdos de Paz, volvieron al inquilino, y en 2012 los miembros de Ixtupil se armaron de valor y contactaron con una de las organizaciones de acompañamiento de víctimas del conflicto armado de Nebaj, Asomoviding. Les dijeron donde estaba el cementerio clandestino.

La Fundación de Antropología Forense de Guatemala (FAFG), que realiza trabajos de exhumación, inició las tareas en 2012. Acompañados de los familiares, los antropólogos forenses sacaron los huesos de las fosas y los llevaron a Ciudad de Guatemala para hacer su identificación.

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Entre en 1963 y 1996, 200.000 personas fueron asesinadas en el conflicto armado

El trabajo forense de los restos de los 47 cuerpos encontrados -22 menores de edad-se demoró seis años. Con pruebas de ADN, la FAFG logró identificar-ne 14 y, finalmente, María logró recuperar los huesos de su madre. Los restos de personas masacradas durante el conflicto han ido apareciendo en los últimos años por miles: en fosas comunes, destacamentos militares y cementerios clandestinos, como el de Ixtupil.

José Suasnavar, subdirector de la FAFG, indicó que desde que iniciaron su trabajo en 1992 se han llevado a cabo 1.747 exhumaciones en el país, donde se han desenterrado 7.979 víctimas del conflicto. Solo en el área jil, se han efectuado 323 exhumaciones y se han desenterrado 1.398 osadas.

Una justicia que no llega
Entre 1963 y 1996, en Guatemala, el ejército, la policía nacional civil y las patrullas de autodefensa civil asesinaron a 200.000 personas. Entre ellas, todavía hay 45.000 desaparecidos, según la Comisión de Esclarecimiento Histórico.

Gran parte de la masacre tuvo lugar entre 1978 y 1983, en el noroeste de Guatemala, en la región maya ixil, concretamente en los municipios de Nebaj, Chajul y Cotzal. Se acabó con un tercio de la población maia ixil. En 2012, el general Ríos Montt fue juzgado y condenado por genocidio. El juicio, sin embargo, en un país todavía dirigido por grupos de poder con fuertes vínculos con el ejército, fue anulado más tarde por la Corte de Constitucionalidad. Rios Montt murió en su casa en marzo de 2017.

» Tenía 8 años cuando murió la madre. Nosotros nos escondimos y por eso somos vivas, pero mataron a la madre y tres hermanos «, explica María. Su hermana mayor, Catarina, explica que enterrar a su madre es importante: significa recuperar la historia de su familia. » Fue una gran guerra. Estábamos tristes porque el cuerpo de la madre había quedado en un cementerio clandestino. Hay que conocer nuestra historia, hay que saber qué hicieron «, dice la Catarina, que ocupa el cargo de vicepresidenta de la Asociación de Víctimas del Conflicto Armat de Ixtupil.

Ya firmadas las actas de recepción de los restos óseos, los familiares inician el camino hacia Ixtupil, una comunidad situada en la parte alta de las montañas, donde actualmente viven 160 familias en casas de madera, sin camas, ni electricidad y en condiciones de extrema pobreza.

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Las familias visten los despojos: en las osadas de las mujeres, ropa madía, cintas de colores, camisas bordadas y faldas; a las de los hombres, sombreros, camisas y zapatos

Para el entierro, los habitantes del inquilino han recibido el apoyo del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) y el Programa de Acompañamiento a la Justicia Transicional (Pajuste). A través de estos apoyos, han podido comprar ataúdes, lapides y un mausoleo y pagar los costes de los traslados para hacer los trámites burocráticos.

Las familias no han recibido apoyo económico del gobierno de Guatemala. Pese a que cuenta con un programa destinado específicamente a recuperar las víctimas del conflicto, redujo drásticamente el presupuesto en 2012, cuando Pérez Molina, militar partícipe del genocidio, fue escogido presidente de Guatemala. Su sucesor, Jimmy Morales, que llegó al poder gracias a un partido conformado por militares, siguió restando el presupuesto. Actualmente sólo dispone de dinero para gastos de funcionamiento.

Robes de colores para loar a los muertos
Cuando el camión con las cajas de huesos y ataúdes llega a Ixtupil, ya hay decenas de personas esperando. Las mujeres van de rojo, con camisas brotadas de colores y los cabellos decorados con cintas, y han preparado la cena para toda la comunidad.

Comenzan a llegar los ataúdes y las cajas de cartón con los restos óseos en el salón comunal, una pequeña sala de madera. Los forenses llaman a las familias, extraen los huesos y los coloquen en los ataúdes: primero el cráneo, después los huesos de los hombros, el esternum, las costillas. Cuando ya están a punto, las familias visten los despojos: en las osadas de las mujeres ponen ropa madía, cintas de colores a los cráneos, camisas brodadas y faldas; a los huesos de los hombres, sombreros, camisas y zapatos. Tres décadas más tarde, por fin se reencuentran con sus parientes.

Los 14 cuerpos identificados son velados en el salón comunal, bajo la música corridos, que hace referencia a masacres. También cantan canciones evangélicas. Los habitantes de Ixtupil permanecerán toda la noche sentados en banquetas. Algunos lloran sin consuelo, de otros beben alcohol hasta perder la conciencia y otros sólo miran adentro en sus recuerdos, con caras de desolación.

Con la salida del sol, comienzan a llegar delegados del gobierno y de las Naciones Unidas para hacer el acto protocolario. Ofrecen sus discursos. Los hablan del cierre de un círculo, de los derechos de los pueblos indígenas. Los lails, que no han dormido en toda la noche, los miran y aplauden. Al finalizar los discursos, comienzan a bajar los ataúdes hacia el cementerio de Ixtupil y los ponen en un mausoleo comunal. El acto concluye con una ceremonia maya.

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