Belleza desmiente el encubrimiento tóxico de España

A PRIMERA VISTA, podría pensar que un escritor de ciencia ficción había soñado este paisaje polar de hojas de espuma parecidas al hielo sobre un deslumbrante mar verde.

Pequeños focos naturales, similares en apariencia a los orificios respiratorios de las focas árticas, interrumpen las venosas llanuras blancas que se extienden por más de 1000 hectáreas. En el medio residen charcos de profundo líquido esmeralda y canales del mismo color que cruzan la superficie, creando patrones en este paisaje surrealista.

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El resultado es un área de belleza inusual, al menos vista desde arriba. La realidad sobre el terreno, sin embargo, es una historia diferente.

Nacidos de un vertido descuidado, estos lagos de yeso fosforado y otras sustancias peligrosas se encuentran a tan solo 500 metros del casco urbano de Huelva, Andalucía. Son los residuos de la producción de fertilizantes, un negocio que se inició en la región durante la época del franquismo, cuando las leyes ambientales eran laxas.

Durante casi 30 años, la empresa de fertilizantes Fertiberia produjo anualmente 2,5 millones de toneladas de yeso fosforado, vertiendo el 20% en el estuario del río Odiel.

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Parte del contenido de los lagos se ha filtrado al mar arrastrado por la marea.

En respuesta a una orden de la Audiencia Nacional para evitar la contaminación, Fertiberia se ha propuesto cubrir los lagos con tierra y arcilla. Pero no todo el mundo está satisfecho con el plan.

«Es una broma y dejarán una bomba química bajo la protección de las mareas y el cambio climático», dijo Julio Barea, jefe de una campaña de agua de Greenpeace.

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Asimismo, Aurelio González Peris de Mesa de la Ría, grupo ecologista que lleva años siendo crítico con Fertiberia, dijo que la propuesta amenaza tanto las marismas cercanas como el bienestar de los onubenses.

Aunque un grupo de 19 científicos ha dicho que enterrar los lagos los pondría a merced de los terremotos, el plan obtuvo la aprobación inicial del gobierno. Ahora, el futuro de este legado tóxico está en manos del Consejo de Seguridad Nuclear y de la Junta.


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