«Al Carmel seguimos teniendo un problema de infraviviendas»

Custodia Moreno es el icono de la lucha contra el barraquismo en el barrio de El Carmel. Llegada a Barcelona con 4 años en 1947, su vida está estrechamente ligada a la misma historia de la construcción del barrio

Desde su perspectiva, ¿qué es lo que le falta aún hoy en el barrio?
Pues si tuviera que decir una cosa, yo diría que, básicamente, el barrio todavía tiene grandes barreras arquitectónicas, causadas tanto por la orografía del terreno como por la misma historia del surgimiento del Carmel. Aquí, en la montaña, es donde venía a hacerse la barraca mucha de la gente que llegó con las olas de migración de los años 60 y 70 a buscar un trabajo y una oportunidad de tirar adelante a la familia. Por eso, es un barrio que nació sin ninguna planificación urbanística. Por otro lado, el hecho de estar construido en la vertiente de la montaña hace que el terreno tenga desniveles muy complicados y muy caros de salvar, cuando pensemos en la urbanización de las calles, la rehabilitación de las viviendas, el plan de equipamientos, las comunicaciones o la línea de transportes. Con el presupuesto que puede haber para la rehabilitación del distrito del Eixample, aquí casi no hay ni para empezar, por todas las medidas de contención que se deben tomar por el hecho de estar en la montaña. Además, las cuestiones urbanísticas siempre se deben tener en cuenta a muy largo plazo, y si son complejas como en el Carmel, aún más.

Los efectos del turismo masificado, que cada vez se notan en más áreas de Barcelona, han llegado de alguna manera, aquí?
No, la verdad es que no mucho. Aquí, pese a haber avanzado muchísimo, seguimos teniendo sobre todo un problema de infraviviendas. Yo siempre digo que hemos eliminado el barranquismo horizontal y que ahora estamos trabajando para mejorar lo que hay en vertical, en el sentido de que muchos de estas viviendas no están en muy buenas condiciones y es complicado rehabilitarlos. Sí que hemos notado, sin embargo, la proximidad al Parque Güell y la promoción de los búnkeres de la Guerra Civil con relación a las líneas de transporte público. No creo que estemos al mismo nivel que en los barrios del centro de Barcelona, pero ahora los autobuses que pasan por aquí llegan plenísimos de turistas y sí que sentimos que pasan un poco al frente de las necesidades de los vecinos.

¿Cree que hay diferencias con las luchas actuales por el derecho a la vivienda?
Quizá el cambio mismo de la sociedad ha cambiado la manera de organizarnos. Antes avisábamos a los vecinos que había una asamblea con un megafón y ahora lo hacemos a través de las redes sociales. Quizás ahora hay menos sentimiento de comunidad que antes y eso hace que quizás, a veces, las luchas queden fragmentadas por los intereses de cada organización. Igualmente, creo que durante el 15-M huyó un resurgimiento muy importante de las luchas y que nos tenemos que adaptar a las nuevas formas de movilización que vayan saliendo.

¿Cómo definiría el papel de las mujeres?
Creo que las mujeres siempre hemos estado el motor de las luchas, sobre todo de las del barrio, pero, además, con la doble carga de trabajo que nos imponía la época. En El Carmel, las mujeres eran mayoría en las asambleas porque ellas vivían con mucha más angustia que los hombres el hecho de tener una vivienda: mantenerlo limpio, sin agua corriente, a la hora de lavar ropa, por ejemplo, y en todas aquellas tareas que se atribuían a las mujeres de manera automática a la época.

A lo largo de todos estos años se debe haber barajado con todas las administraciones.
Sí, sí. Con algunas más y con otras menos. Con algunas hemos tenido que llamar a la puerta hasta diez veces y con otros cinco, pero sí, ha costado con todas.

A pesar de todo, a partir del año 90 usted entró en el Ayuntamiento de Barcelona como consejera de Distrito con el Partido Socialista.
Sí. Yo estaba en la asociación de vecinos del barrio desde el año 1968 y, desde entonces, a primera línea de todas las reivindicaciones. Cuando el Ayuntamiento me lo propuso me dijeron: «Nos has planteado siempre tantos problemas, que ahora queremos que nos ayudes a solucionarlos», y les pareció que, como que yo conocía bien el barrio, podía ser una buena interlocutora. De entrada, dije que no porque no me gustaba mucho eso de estar en el otro lado de la mesa, pero finalmente, entre las asociaciones de vecinos del distrito, pensamos que sería bueno que hubiera alguien como yo en la administración, porque conocía a fondo las necesidades del barrio.

¿Cómo se ve la situación desde el otro lado?
La verdad es que es una posición difícil. Desde el otro lado, yo he aprendido sobre todo a mirar las cosas de manera global. Del año 90 al 95 hice de consejera de Distrito, y a partir del año 2005 quedé como comisionada por el desarrollo de la zona norte del distrito. Esto me ha dado forzosamente una visión de conjunto, de las necesidades que se encuentran en cada sitio y de los recursos disponibles. No ha sido fácil, ¿eh? Hay que tener las cosas muy claras y ser estricto en lo que concierne a la honradez y la ética. En términos generales, diría que me han tratado muy bien, pero es difícil hacer contento a todo el mundo.

¿Hay alguna cosa de la que se sienta especialmente orgullosa?
Sé que hay cosas concretas que se han llevado a cabo por mi determinación, pero básicamente estoy muy contenta de haber coincidido con mis vecinos y vecinas en esta época. En definitiva, de haber perdido el miedo y de trabajar por nuestros derechos.

José Juárez, Jornada News

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